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sábado, 25 de octubre de 2008

Francisco "Morochito" Rodriguez


Los Juegos Olímpicos de México 68 estrenaban una nueva categoría en la disciplina boxística, la división minimosca, y en ella estaba inscrito un pequeño venezolano de la costera ciudad de Cumaná llamado Francisco Rodríguez y a quien apodaban "Morochito".


El 17 de octubre subió Morochito al ensogado olímpico por primera vez para enfrentarse a su amigo el cubano Rafael Carbonell, contrincante que le había sido asignado en el sorteo. Su entrenador Angel Edecio Escobar estaba en la esquina para darle las instrucciones y el púgil cumanés supo llevar a cabo la estrategia de Escobar para vencer por decisión unánime.


Tres días después de superar a Carbonell le tocaba verse las caras con el celandés Khata Karunarathe, a quien Morochito envió dos veces a la lona en el segundo asalto para que finalmente el árbitro detuviera la pelea y le diera el triunfo al boxeador venezolano por nocaut técnico.


El 23 de octubre al pequeño púgil cumanés le tocaba enfrentarse al estadounidense Harlan Marbley, a quien ya había vencido en los Panamericanos de Winnipeg 67. En esa ocasión Morochito repitió ante el norteamericano y le ganó por decisión 4 puntos a 1, para alcanzar la puja final por la presea dorada.


Su contrincante en la final sería el coreano Joun-Ju Lee, quien era considerado uno de los mejores boxeadores de la división de los 48 kilogramos.


El 26 de octubre Morochito y el coreano subieron al cuadrilátero a disputar la primera de las once finales que se disputaban ese día en la disciplina de los puños. Toda Venezuela estaba pendiente de lo que ocurría en el México Arena, a través de la transmisión de Radio Continente, en la voz de Carlos González Ruiz.


Los primeros dos asaltos fueron bastante parejos y el tercero fue el decisivo. Después del sonido de la campana los jueces decidieron y el árbitro levantó la mano del cumanés, que recibió los aplausos de un público mexicano que celebraba la victoria de un latinoamericano.


Morochito se abrazó a la bandera, lloró con el sonido del himno nacional y dejó su huella en la historia del deporte venezolano al recibir la primera medalla de oro olímpica que ganaba Venezuela.

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